Alejo Williamson

"El hombre que desafió la cordillera"

      El 12 de diciembre de 1964 Alejo Williamson se convirtió en el primer hombre en cruzar la Cordillera de Los Andes, por su parte más alta, en vuelo libre sin motor. La fecha no era cualquiera: la había escogido por ser el Día Nacional de la Aeronáutica, el día en que Dagoberto Godoy, en 1918, había cruzado la cordillera por primera vez en un avión con motor. Ese 12 de diciembre fue la culminación de una hazaña que Williamson, de 39 años, venía planificando hacía años en celoso secreto, y que reafirmaría su apelativo de "loco Alejo".

      A la una de la tarde, Williamson salió del aeródromo Lo Castillo a bordo de un planeador Blanik L-13 matrícula CC-K7W. Había decidido salir temprano, porque el día anterior había pasado por Santiago un frente frío que había provocado nevazones en la cordillera, lo cual le haría más difícil encontrar térmicas. Dieciocho minutos más tarde, a una altura de 820 metros, soltó el cable remolcador y quedó en vuelo libre, listo para iniciar la travesía. En su plan de vuelo declaró que volaría a Tilama, a 155 kilómetros de Santiago, en la cuarta región. No quería que nadie supiera lo que se proponía realizar, por miedo a que trataran de detenerlo. Sin embargo, Francisco Cajas - encargado de operaciones del club - se percató de sus intenciones, porque Williamson le mostró en un mapa la zona en la cual tenían que buscarlo si no volvía: una zona cordillerana que, obviamente, se encontraba muy alejada de Tilama. De todas formas, Cajas guardó el secreto.

      La única persona que realmente conocía los planes era Eugenio Guzmán. Williamson se los había contado algunas semanas antes, y junto con él había revisado la ruta que seguiría para llegar a Mendoza. Había decidido cruzar por el Cristo Redentor, porque en caso de emergencia podría aterrizar en el camino de tierra o en la línea del ferrocarril. Guzmán había tratado de hacerlo entrar en razón, recordándole que tenía una familia a la que cuidar, pero la decisión ya estaba tomada y no hubo forma de convencerlo de que desistiera de sus propósitos.

      Llegó a Plumerillo con 900 metros de altura sobre Lo Castillo. Sobrevoló el aeropuerto y usó el espejo de señales para llamar la atención de la torre de control, aprovechando los últimos rayos de sol que quedaban. Hizo tránsito y aterrizó de sur a norte por la pista principal, luego de 5 horas y 51 minutos de vuelo. Eran las siete de la tarde en Chile, y una hora más en Argentina.

     Salió por el primer desahogo y detuvo el planeador justo frente a un letrero de LAN Chile, había llegado a su objetivo, a pesar de las dificultades. Había tenido momentos de desesperación e incluso había asumido el fracaso y, sin embargo, ahora estaba ahí, en Mendoza, su objetivo final.

      En Chile, los medios no tardaron en enterarse de la hazaña, tanta fue la emoción y el orgullo que provocó su aventura, que el gobierno del presidente Eduardo Frei Montalva envió un avión de LAN a Mendoza, especialmente para traer de regreso al valiente piloto y a su planeador. A bordo del avión partió a Argentina su familia más cercana y periodistas de distintos medios de comunicación, ansiosos por cubrir la noticia.

      En el aeropuerto de Plumerillo, Williamson se reencontró con su mujer, su hija y su madre, y celebró junto a algunos de sus compatriotas, que lo felicitaron y le hicieron saber lo orgulloso que estaba el país de su logro. Tras una pequeña celebración, el avión retornó a Santiago, donde el piloto fue paseado por la ciudad a bordo de un auto descapotable, para que pudiera saludar a la gente que se agolpaba en las calles para conocerlo y felicitarlo.

      Más tarde fue recibido en La Moneda por el mismo presidente Frei, quien también celebró su hazaña y destacó el valor del volovelista.

      La hazaña de Williamson le valió diversos reconocimientos, tanto de sus pares como de personas dedicadas a otras actividades. En 1965 fue condecorado por la Fedach con medalla de oro. Ese mismo año, el Círculo de Periodistas Deportivos le confirió el trofeo "El Cóndor", otorgado cada año a la figura más destacada del deporte nacional.

      Cuatro años después del cruce -en 1968- Alejo Williamson fue galardonado por la Federación Aeronáutica Internacional (F.A.I.) con la medalla Lilienthal, que se entrega anualmente a un piloto que haya hecho un aporte significativo a la aviación sin motor. Williamson recibió la medalla en Helsinki, Finlandia, en julio de 1969, en el preciso instante en que los medios de comunicación informaban al mundo que el hombre se había posado en la luna.

  • Para ver el capítulo completo haga click aquí para bajarlo.
  • El texto y las fotografías de esta página fueron extraídas del libro:
    "60 años en el aire - Reseña histórica 1946-2006
    Club de Planeadores de Santiago - Chile


                     


    Junín - Bs. As. - Argentina