Argentinos en Monflorite

Huesca, España 1947

      En los años posteriores a la "Segunda Guerra Mundial", Argentina y España mantenían muy buenas relaciones, y en 1947 España ofreció una beca de estudios para jóvenes argentinos que fueran a formarse como pilotos e instructores de "Vuelo sin Motor". Estuvieron ocho meses en la "Escuela de Monflorite", Huesca - España.

Nuestro viaje y estadía
Relato de Tulio Calderón

      21 de febrero de 1947. A las 9 de la mañana salíamos en un Avro York Mk-I desde Buenos Aires hacia Madrid.

      El proyecto comprendía la formación de diez instructores que, de regreso a las pampas, difundiríamos el espíritu que alimentó esa fuerza aérea que tan valientemente se desempeñó en la Potencia que, lamentablemente, fuera derrotada. Más o menos esas fueron las palabras de despedida que el Secretario de Aeronáutica pronunció en su elegante despacho del barrio de Recoleta. Se agregaba un Constructor-Carpintero y un Jefe Instructor de Planeadores. Siete de los jóvenes provenían de clubes del interior. Pero el Club de Planeadores Cóndor, fundado por alemanes, designó los tres restantes con características étnicas indiscutibles, que resultaron ser los más amigables y simpáticos del grupo.

      Aterrizaje en Río, noche en hotel de Natal y se inició la travesía, (el término es exacto) del Atlántico. El techo de vuelo de estos Avro no era generoso, había que volar en los cúmulos de gran desarrollo, esparcidos en la inmensidad del agua. Casi a medianoche llegamos a Dakar dónde el color de piel de los lugareños se atenuaba al escucharlos hablar francés y algo de español. Aterrizaje en Lisboa en medio de una tormenta invernal. Salida de pista y el Avro empantanado fue la imagen que nos llevamos de ese dinobombardero sacado de su misión vengativa sobre Dresden para la que fue diseñado y luego puesto a ejecutar esta vulgar tarea de transporte de línea. Todavía con barro en los zapatos al día siguiente subimos a un simpático Douglas DC-3 de TAP que nos llevó a Madrid. La recepción en Barajas, con flores y entorchados, fueron unas cuarenta horas de viaje.

      Se reconstruía Europa. El plan Marshall había excluido expresamente a España. Se anunciaba en ABC que el trigo argentino había llegado, ayudando a mejorar la dieta de racionamiento. Nosotros veníamos a confirmar una alianza y ayuda. La calidez de las recepciones, espectáculos, protocolos, tabernas y teatros ocupó la semana de estadía en Madrid. Una formación con banda, bandera y cánticos fue realizada en su sede central en homenaje al país aliado de España que representábamos.

      En esos vagones con estribo exterior y amplios asientos enfrentados, como habíamos visto en las películas europeas, fuimos de Madrid a Zaragoza. con locomotora de vapor, a carbón, de buena velocidad. En Zaragoza transbordo, previa recepción con discursos y flores, hacia Huesca.


      La "Escuela de Vuelo sin Motor de Monflorite" está a 12 km de esta Huesca enlazada con la dolorosa historia reciente de España. Sus autoridades militares, religiosas y civiles, la trilogía del poder, nos dieron la bienvenida con el cotillón de discursos, flores y cánticos en el mismo andén de la estación. El domingo siguiente se haría una solemne misa en donde se rogaría por la gloria de España y Argentina.

      De la aviación española poco sabíamos. Ramón Franco había llegado a Buenos Aires en el "Plus Ultra" en 1926, un año antes que Lindberg fuera de Nueva York a París. El arrojo español quedó demostrado, pero sobre una construcción alemana Dornier. También el esquema de la Escuela de Vuelo sin Motor era alemán, con planeadores de diseño alemán pero construidos en España. La dirección era exclusivamente española.

      El invierno estaba concluyendo, desde el día siguiente a nuestro arribo nos mezclamos con jóvenes de casi nuestra edad en un régimen de vida que era de Escuela de Oficiales militares. Muchos provenían de liceos semicastrenses con buena formación educativa. El diálogo fue cálido en poco tiempo y aunque no había diarios ni radios era frecuente la incursión sobre temas de la historia reciente de España, pero trasponer los límites ideológicos o políticos de la doctrina oficial exigía un trato de mayor confianza, que con el correr del tiempo se dio en muchos casos.

      La instrucción era la típica del vuelo en montaña que desarrolló Alemania gastando el mínimo combustible: Lanzamiento con "sandows" [1] desde el borde de la colina. Cada extremo de los dos "sandows", era estirado con todo el envión de cuatro o más jóvenes corriendo cuesta abajo. Soltado el planeador por los que lo retenían por la cola, el empuje es suficiente para poner el aparato en condiciones de vuelo dentro del viento que viene desde el frente.. Esta intensa actividad física y la dieta de pescado y calamares en las comidas pronto hizo ver una pérdida del peso obtenido con la manteca, pan blanco y carnes vacunas que ahora eran recuerdos lejanos. Rápidamente llegó la orden de abastecernos con una ración extra matinal de pan negro, sardinas y chocolates que, al poco tiempo, compartíamos con los integrantes españoles del grupo de instrucción.

[1] - El sandow era una cuerda elástica que se enganchaba en la nariz del planeador para impulsarlo y ponerlo en vuelo.

      Con el transcurso del tiempo las nuevas promociones que eran puestas bajo nuestra tutela, además de instrucción de vuelo recibían recomendaciones para aceptar la rutina alimenticia compuesta de café, que no era de café sino de achicoria, calamares en su tinta, pan negro algo duro, y sustanciosos guisos de porotos, lentejas y pescados de nombres desconocidos. Como beneficio de la experiencia aprendimos a dar intenso uso de la cantina ubicada en las afueras del límite militar pero cercana a la puerta de guardia. Las estadísticas de la economía vitivinícola de Aragón deberían mostrar el año 47 un aumento apreciable del consumo de tintos y blancos. Nuestras billeteras tenían capacidad para extensas invitaciones incluido el turno de guardia. El viático era de 300 pesos por mes, de los cuales recibíamos 100, cambiados a cuatro pesetas por peso. Eso bastaba para la cantina, salidas semanales a Huesca y escapadas los sábados a los simpáticos pueblos cercanos donde, en el ocre de la tosca campiña aragonesa encontrábamos cálidas recepciones que abastecían nuestra demanda de abundantes huevos fritos, pan blanco y aterciopelado vino. Los carbohidratos y su complemento etílico eran consumidos rápidamente en las activas jornadas ladera abajo tirando de los sandows de lanzamiento y cargando luego cuesta arriba los planeadores, porque el aparejo eléctrico no se usaba por falta de energía que escaseaba, y mucho, en todo el país.

      Con la llegada de la primavera y nuestra condición de veteranos en la Escuela, la disciplina militar se hizo más ligera, el saludo con el brazo en alto al romper filas se transformó en una venia sin decir ¡FRANCO! Los diálogos con los españoles se hicieron más sustanciosos y cuando era necesario poner un poco de orden llegaba la expresión contundente de "¡argentinicos de la polla!" de algún oficial a cargo del grupo. Ya éramos amigos de los que luego serían inolvidables : Arena, Juez , Ara, Carreño y el Jefe Peñafiel. El 25 de Mayo, nuestra fecha patria, se conmemoró con la jefatura, oficiales y sacerdote en un primaveral entorno campestre con dos corderos al pampeano asador, regados con buenos vinos de La Rioja . La primavera llega con deslumbrantes almendros en flor en Aragón, que invitan a los paseos distendidos, asombrados por la falta de ese integrante pampeano que es el alambrado. También comienzan las corridas de toros en las principales ciudades. Zaragoza fue el lugar donde vimos por primera vez este espectáculo que tanto asombró a Hemingway. A pesar de nuestra cultura carnívora bovina la mayoría sintió la exageración del espectáculo, en donde sangre, sudor y arena se mezclan con la bravura llevada al límite de la temeridad. Conocimos a Manolete, que meses después moriría en Sevilla. Y conocimos los rincones non santos, donde los Cadetes de la Academia Militar también atemperaban sus excedentes hormonales. Testosterona y feromonas eran términos desconocidos en la época, pero pragmáticamente respetados por los jubileos católicos. Lógicamente el mejor sitio estaba detrás de la Catedral del Pilar, consagrada Virgen de Aragón.

      A principios del verano muchos novatos pasaron a ser nuestros alumnos. Era otra vida mandar y hacer trabajar. Santorales y recordatorios cívicos y militares poblaban el calendario español ofreciéndose al incipiente turismo mundial los bajos precios y la acumulación de historia en un país que no mostraba las cicatrices de la reciente guerra. Viajar a Madrid para obtener la libreta de enrolamiento los que cumplíamos 18 años fue toda una fiesta. Hotel de primera, teatros, colmaos, verbenas, se combinaron con recepciones oficiales y formaciones con banderas y marchas. Ya en Huesca el verano permitía combinar el vuelo de montaña con el térmico obteniendo alturas impensadas y deslumbrándonos con los paisajes de los Pirineos viendo el Pic du Midi en la frontera con Francia, por el camino de Jaca. Hoy esta región es netamente turística donde se mantiene la actividad de vuelo acompañada por alas delta y parapentes. En las regadas reuniones, recibiendo visitas a la Escuela y después de las obligadas formaciones aparecía, contrariando el racionamiento, abundante cantimpalo, jamón serrano, pan blanco y derivados desconocidos, para nosotros, de frutos de mar.


      La partida, posterior a las celebraciones del 12 de octubre estuvo cargada de reparto de diplomas, discursos, encomios variados, bailes y representaciones teatrales como sólo los españoles saben hacerlo. En Madrid las ceremonias fueron en el Ministerio del Aire a lo que siguieron visitas a fábricas y otras Escuelas.

      En Madrid el Jefe de Delegación nos comunicó que la estadía en España se prolongaría por un mes más porque así figuraba en los planes del convenio entre los dos gobiernos. Tendríamos vacaciones que aprovecharíamos a nuestro saber y entender. Para ello se informó que los viáticos faltantes de pago no se cambiarían al valor oficial de cuatro pesetas por peso sino al del mercado negro de 10 pesetas por peso. ¡Las máquinas fotográficas alemanas, bien preciado de la época, estaban a nuestro alcance! Los hoteles no tenían estrellas pero los mejores estaban a nuestra disposición. Con un boleto ferroviario de 3.000 Km podía recorrer media España.

      El regreso se hizo en un moderno DC-4 de Iberia. Todavía no había nacido Aerolíneas Argentinas, Buenos Aires y su naciente Ezeiza era una fiesta primaveral en ese 27 de noviembre. Sin ceremonias ni discursos cada uno fue a su casa previo paso por la Avenida de Mayo para tomar un café con "emparedados" de pan blanco, más manteca y azúcar blanco. Formar pilotos de planeadores ya no encajaba en la era del Jet.

      -¿Cómo les ha ido?
      - Bien, muy cálidos !. !Pero toman café de achicoria!

Integrantes de la delegación

Instructor Jefe: Juan B. Sales
Constructor-Carpintero: Victorio Riselli
Asoc. Aer. Azul - Bs. As.: Walter Gordon
C.A.P. Albatros - Bs. As.: Enrique Auchter
C.P. Cóndor - Bs. As.: Waldemar Sturm
Luis Kowaleski

Claus Haberle

A.C. Dolores - Bs. As.: Luis Tramontini
A.C. Junín - Bs. As.: Emilio Sierra
C.P 25 de Mayo - Bs. As.: Rubén Molinelli
C.A.P. Villa Constitución - Santa Fe: Alfonso Parrilla
C. Aviac. Popular "Los Tucanes" - Tucumán: Tulio Calderón


                 


Junín - Bs. As. - Argentina